NOS ESTAMOS VOLVIENDO ESTOICOS

Quizás sin pretenderlo, todos los que formamos parte del sector de la moda nos hemos vuelto estoicos. Lo digo por su máxima: hacer de la necesidad virtud.

Hace aproximadamente algo más de una década, comenzaron a surgir emprendedores creativos ilusionados con la idea de ofrecer proyectos personales que enamoraran a una clientela hastiada de la uniformidad imperante. España lideró – y sigue haciéndolo – un cambio de paradigma que transformó la moda en un modelo de negocio retail en el cual, con sus bondades, acabó apareciendo una gran gotera: la falta de singularidad. A este aspecto se sumó una conciencia progresivamente sensible al daño medioambiental, las condiciones laborales, y el consumo desmedido.

Un nuevo mercado iba cogiendo forma: más pequeño y elitista. Los emprendedores empezamos a centrarnos en el diseño y la calidad de los tejidos y la confección, con la idea de producir nuestras colecciones sin salir de España. No fueron y siguen siendo pocos los obstáculos. La deslocalización de la producción a países como China determinaron el cierre masivo de empresas de confección textil, destruyendo no solo empleo sino un patrimonio extraordinariamente rico del que poder presumir como lo hace hoy Portugal, que se ha preocupado por modernizar su sector sin perder la esencia artesana. Las cifras son devastadoras: en 2008 se contabilizaron un total de 13.180 empresas que redujeron su presencia un 30% en 2019. ¿Lloraremos en 2020 al conocer este dato?

LA COVID –19 AFIANZA LA MODA CIRCULAR

Convencer a estas empresas para que, como partners, colaboren a pequeña escala resulta agotador. Sus márgenes son pequeños y, por consiguiente, nuestros costes muy altos. Hasta que no se convenzan de la necesidad de adaptarse al modelo de negocio propio de la moda circular, no seremos realmente competitivos. En vez de aspirar únicamente a ser subsidiarias de talleres que acaparan la producción de grupos textiles, tendrían que no perder de vista por donde sopla el viento.

La angustiosa pandemia ha traído consigo datos de consumo de moda devastadores. Ante este panorama, las firmas tenemos miedo a involucrarnos en colecciones nuevas y volcamos nuestras energías en sacar adelante el stock.  Los mensajes que machaconamente repetíamos para ir creando una conciencia determinada, hoy cobran mucho sentido. La mayoría de los consumidores ha recortado gastos. Abren su armario y empiezan a gestionar su interior con una predisposición distinta. Repetir modelo empieza a normalizarse de verdad al igual que optar por el uso de prendas bien confeccionadas, con diseños atemporales y versátiles, que son las que realmente ayudan a lucir fabulosas en las reuniones online y en los espacios sociales cada vez más restringidos porque resisten mejor al tiempo. Puede que saquemos algo bueno después de todo…

Pepita t no tiene prejuicios en admitir que continúa con la oferta que presentó hace un año. Estamos estudiando la vialidad de producir un artículo adaptado a la situación actual pero sin apremio, fieles a nuestras señas de identidad. Seguimos luchando estoicamente. ¿Acaso no era Séneca sevillano? 

 

 

 

 

 

 

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