Ojos libres. Mano exquisita

¿Qué queremos del arte? ¿Para qué nos es útil?. Sin tapujos: para provocarnos placer. Un placer sensorial que toca el espíritu. Ante una obra artística, nos sumergimos en la atmósfera que el artista ha creado para compartirla con nosotros, para que nos impregnemos de ella y se creé un vínculo, a veces eterno.

El Palacio de Gaviria hoy rezuma jazz. Derrama elegancia y refinamiento. Por sus nobles pasillos se escucha a la alta sociedad de la Europa de entreguerras. Está siendo ocupado por mujeres rotundas, descaradas, vestidas en satén de seda vibrante, que nos miran exhibiendo su excentricidad. Y es que han salido del pincel de Madame de Lempicka, esa mujer de biografía apasionante y algo oculta por voluntad propia («olvidó» su fecha de nacimiento). Una maestra de la pintura que utilizó la moda como lenguaje reivindicativo de la igualdad y la liberación de la mujer moderna, sin prejuicios, sin pudor fingido.

Nada hay de soez en la obra de Lempicka. Tampoco de inocencia. Adiós al candor y a la dulzura de las protagonistas de antaño. Au revoir al recato en el vestir. Es la fuerza de los años 20 en los que ella brilla con luz propia, inspirada por su musa: ella misma, Tamara de Lempicka.

Una mujer que retrata a mujeres con ojos libres. Una artista que «dice» lo que siente y desea con la elegancia de lo implícito. Una mujer formada y sensible que necesitó crearse un personaje social para, seguramente, borrar todo atisbo de normalidad, medianía, y convencionalismo; esos compañeros que se van adosando a nuestras vidas y que ella tanto detestaba.

DIVAS EN SEDA 

La exposición destaca una cierta obsesión por lo nuevo: crear diferente, no acomodarse a lo heredado, abrir las ventanas a una mentalidad abierta. Por ello, está muy atenta a las emergentes corrientes artísticas que abarcarán un horizonte muy amplio: pintura, objetos decorativos, cine, publicidad… y – cómo no – moda. Sus mujeres son auténticas divas, de porte aristocrático, vestidas exquisitamente para matar. Las telas son impecables. Las siluetas son innovadoras, los cuellos y las mangas, hermanadas con el cubismo, cobran protagonismo.  De Lempicka realiza una oda a la mujer del siglo XX. Por méritos propios merece ser tenida en cuenta como una de las grandes de la Pintura porque es innegable la influencia que su obra ha tenido en otras disciplinas. Mi admirado Dries Van Noten, Karl Lagerfel, Versace, Carolina Herrera, o Gaultier son solo unos de los magníficos creadores que han reinterpretado magistralmente a de Lempicka, tan unida al art déco.

Pero la crueldad de la guerra impregnó de cenizas los pinceles de la artista polaca. Es innegable que, aunque físicamente escapó de ella, su corazón no pudo. Las portadas de Vogue y las fotos de sociedad fingen distancia pero su obra plasma el humo negro y plomizo que recorría Europa. Por los pasillos del palacio también hay mujeres ojerosas y cansadas; grises. Van vestidas de invierno en tonalidades pardas y violáceas. Caminan de prisa por alguna gélida y triste calle que se resiste a la catástrofe. No nos miran altivas; miran el horror del espectáculo bélico. Esta faceta de Lempika, la menos icónica, es apasionante.

Todas ellas estarán hospedadas en el Palacio de Gaviria de Madrid hasta el 24 de febrero.

Obra: «Muchacha con guantes» (1930)

Deja un comentario

Queremos ayudarte a estar fabulosa. Si te registras, te descontamos un 10 % en tu primera compra.

Gracias, podrás disfrutar de un 10% de descuento en cualquier compra, insertando el código de descuento: promocion2019

Error. Por favor inténtalo de nuevo

Pepita t usará tu email para informarte de futuras promociones.