El Capricho y la Toile de Jouy

Hay lugares para ser visitados en compañía y otros en soledad. Creo que El Parque del Capricho es de los segundos en este otoño madrileño. Una vez que te adentras en su refinada atmósfera, resulta imposible acordarse de la estrangulante agenda laboral entre tanta riqueza botánica y pequeñas arquitecturas; es un coqueto paraíso de buen gusto y armonía.

Me lo puedo imaginar en todo su esplendor a finales del  XVIII, cuando la duquesa de Osuna, María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, se entusiasmó con él dando rienda suelta a su extraordinaria inteligencia y sensibilidad artística. Fue un lugar moderno, a la vanguardia de los gustos paisajistas y esculturales de la élite europea en esos años en los que Francia e Inglaterra se disputaban la hegemonía de casi todo. Hoy parece melancólicamente antiguo (no anticuado) pero tuvo que impresionar y cautivar por su vitalidad artística e intelectual, en gran parte  gracias al vigor con el que la mecenas de Goya dotó a cada uno de sus rincones o caprices.

La Colección La Mirada de Goya se fraguó paseando por sus jardines de inagotables matices cromáticos en cualquier estación, contemplando sus fuentes, y la fachada del  palacio de tres plantas que el próximo año  se convertirá en un museo dedicado a su duquesa, que es lo mismo que ofrecérselo a la Ilustración española. Una verdadera joya en la que brilló Josefa Tudo (o sea, tú Pepita t): la celebrity del momento, la influencer indiscutible de la España pre-Napoleónica. El jardín Laberinto se me hace idóneo para aprovechar y chismorrear acerca de tu vida y tus amores. En La Plaza de los Emperadores se pararían a saludarte para, seguidamente, continuar con sus cotilleos mundanos. El Templete de Baco resultaría un útil promontorio en el que lucir tu original manera de ser y de vestir mientras que en La Casa de las Abejas unas cuantas narices estarían pegadas al cristal que permitía observar el magnético comportamiento de estos insectos.

DIOR Y UNA CASITA

La Casita Rústica es un complejo pueril difícil de encontrar no solo en España. Un testimonio impagable de una construcción arquitectónica cuya misión no era otra que servir de escenario a los juegos aristocráticos. Consistían en vestirse de pastores y recrear escenas que – cosas del destino – han quedado bellamente plasmadas en las telas de Jouy. Pensándolo bien, de juego nada, que Dior ha dedicado su última colección a esta deliciosa y romántica tela, de refinados diseños y profusión de motivos vegetales. Personalmente, me he rendido a sus pies.

Os invito no sólo a visitar este elegantísimo parque, sino a que os hagáis asidu@s a él. Desprende una energía singular, alejada de la vulgaridad y el ruido. Ve al Museo de El Prado y detente a observar los árboles pintados por Goya. Luego visita El Capricho y recréate viendo los originales. Desenfunda esos casos y afínalos bien para escuchar a Vivaldi o a Mozart, y ponte guapa para saborear este valiosísimo patrimonio artístico-natural de Madrid (cualquier elección de la colección La Mirada de Goya es perfecta). ¿No dicen que la elegancia es sencilla?.

 

Vestido Majas y Manolas de la Colección La  Mirada de Goya.

Imagen de El Parque de El Capricho (Alameda de Osuna. Abierto solo los fines de semana)

 

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